
Municipio
Petra
Petra está en el centro-este del Pla de Mallorca, entre Manacor y el llano cerealista, y es uno de los pueblos de interior con más identidad propia de la isla: aquí nació fray Juníper Serra, el franciscano que fundó las misiones de California, y esa historia marca el casco, los museos y hasta los nombres de algunas calles. Es un municipio agrícola, de casas de piedra y calles tranquilas, con servicios resueltos y precios de interior. Para quien busca vivienda, ofrece casco con carácter, campo abundante y una conexión por tren con Palma que no tienen la mayoría de los pueblos del Pla.
El término es llano, extenso y agrícola, con suaves elevaciones al sur donde se levanta el cerro de Bonany. El paisaje es de secano: cereal, almendro, algarrobo, higuera y viña, con las casetas de piedra y las possessions repartidas por el campo. Petra forma parte de la zona vinícola del levante y del llano, con bodegas en el término.
El pueblo conserva un casco de piedra de arenisca, con calles rectas, casas de dos plantas y un conjunto conventual notable, el de Sant Bernardí, además de la casa natal y el museo dedicados a Juníper Serra, que reciben visita continua. En lo alto del cerro, el santuario de Bonany es el lugar de referencia del municipio y uno de los miradores más conocidos del llano. Del término de Petra se segregó a finales del siglo XX el actual municipio de Ariany, que hasta entonces era una de sus entidades de población.
Hay un núcleo principal, el pueblo de Petra, y la elección se hace dentro de él. El casco histórico, alrededor del convento y de la iglesia, es donde está la vivienda con más carácter: casa entre medianeras de piedra, de dos o tres plantas, con patio o corral, a menudo con elementos tradicionales conservados. Es también la parte que más atención exige en estado de conservación y en condicionantes de reforma.
Los ensanches de las últimas décadas ofrecen unifamiliares con parcela, adosados y algún bloque de pisos, más cómodos y con aparcamiento, que es lo que mueve la mayoría de las operaciones locales. Y el término rústico, que es grande, concentra fincas y casas de campo con terreno, desde la caseta hasta la finca con casa principal; ahí está el producto más caro y el que más atrae al comprador de fuera.
Petra resuelve bien lo cotidiano: comercio de proximidad, supermercados, mercado semanal, centro de salud, farmacia, colegio, biblioteca e instalaciones deportivas, además de una vida asociativa y de fiestas con mucho arraigo. Para institutos, hospital comarcal, grandes superficies y administración, Manacor está cerca; Inca y Palma quedan a una distancia razonable.
La estacionalidad turística es baja, aunque no nula: el pueblo recibe visitantes por su patrimonio franciscano, pero no es un destino de temporada y no se vacía en invierno. Tiene población permanente y la misma vida todo el año, que es lo que suele buscar quien se muda al Pla.
No hay costa. Las playas más próximas están en el levante, en la zona de Son Servera y Sant Llorenç des Cardassar, o hacia el sureste por Felanitx, todas a un trayecto en coche de entre veinte y treinta y cinco minutos. Es una distancia asumible, aunque no es un municipio de mar.
Lo que hay cerca es llano y caminos: terreno excelente para la bicicleta de carretera y para andar, con muy poco tráfico. La subida al santuario de Bonany es la excursión clásica del municipio, corta y con vistas sobre todo el Pla. En lo cultural, el conjunto franciscano, la casa natal y el museo de Juníper Serra, el convento y el calendario de fiestas —con la feria y las fiestas patronales como momentos fuertes— dan contenido real a un pueblo de este tamaño.
Petra tiene estación de tren en la línea que enlaza el llano con Manacor y, a través de Inca, con Palma. Es una ventaja poco común entre los pueblos del Pla y permite llegar a la capital sin coche, aunque con un tiempo de viaje mayor que desde el Raiguer. Por carretera, la conexión con Manacor es corta y con Palma razonable, por vías convencionales.
El autobús completa la conexión con los municipios vecinos con frecuencias propias del interior. Dentro del pueblo todo queda a pie y el aparcamiento es cómodo. Para el campo, la costa y los polígonos de Manacor, el coche es necesario.
Tres bloques. En el casco, casa de pueblo de piedra entre medianeras, con patio, en un abanico que va de la vivienda modesta a la casa con portal de medio punto y elementos de cierta categoría; buena parte pide reforma. En los ensanches, adosados, unifamiliares con parcela y pisos de obra reciente. Y en el campo, fincas rústicas con casa o con terreno, que es el producto que concentra la demanda de fuera.
La obra nueva es escasa y se limita a solares dentro del suelo urbano. En rústico rigen las limitaciones generales de Mallorca y, como en todo el Pla, es frecuente encontrar edificaciones antiguas con la situación urbanística sin aclarar. Verificarla antes de comprar es aquí especialmente importante, igual que comprobar agua, saneamiento y electricidad en las fincas.
La demanda mezcla comprador local y de los pueblos vecinos, gente que trabaja en Manacor o en Palma y busca más casa por menos dinero, y comprador internacional centrado sobre todo en la finca rústica y en la casa de piedra del casco. La combinación de patrimonio, tren y precio de interior ha mantenido un interés estable.
El volumen publicado es pequeño pero suele haber algo: Petra no es de los municipios del Pla donde pasan meses sin oferta. El alquiler residencial de larga duración es escaso y competido, con demanda local. El alquiler turístico está sujeto a una normativa autonómica y municipal que ha cambiado varias veces, especialmente restrictiva en suelo rústico; conviene confirmarla para la vivienda concreta antes de contar con ella.
Encaja con quien quiere una casa de piedra con carácter en el interior de Mallorca sin pagar precio de sierra, con quien busca finca con terreno en el llano, y con quien trabaja en Manacor o necesita ir a Palma con cierta frecuencia y valora tener tren. También con familias, por la dotación del pueblo y por el ambiente tranquilo.
Conviene valorar la distancia al mar —que existe, aunque sea asumible—, el estado y el coste de reforma de las casas antiguas del casco, la situación urbanística y los suministros de las edificaciones en rústico, el calor del llano en verano, y una revalorización más lenta que en costa o en sierra. A cambio, es de los pueblos del Pla que más ofrecen por lo que cuestan.