
Municipio
Santa Margalida
Santa Margalida es, como varios municipios del norte de Mallorca, dos lugares en uno. Tierra adentro, un pueblo agrícola en una pequeña elevación del Pla, con un casco de calles estrechas y una de las fiestas más singulares de la isla. En la costa, a varios kilómetros, el término llega a la bahía de Alcúdia y allí está Can Picafort, un gran núcleo de playa con paseo marítimo, además de Son Serra de Marina, mucho más pequeño y tranquilo. Entre el pueblo y el mar, campo y un tramo de litoral sin urbanizar que es de los mejor conservados de la bahía. Para quien busca vivienda, eso se traduce en dos mercados bien distintos: vivienda habitual asequible en el pueblo y apartamento o chalet de playa en la costa.
El término es amplio y llano, de secano y almendros en el interior, con el pueblo asentado sobre un pequeño alto que le da vistas sobre el Pla, y una franja de costa en la bahía de Alcúdia. Santa Margalida conserva su base agrícola y una identidad muy marcada, con La Beata —su fiesta mayor, dedicada a Santa Catalina Thomàs— como la cita que define al pueblo y una de las más conocidas de Mallorca. En la costa, la historia es la del turismo del norte: Can Picafort era un pequeño asentamiento junto al mar y creció desde mediados del siglo XX hasta convertirse en uno de los grandes núcleos vacacionales de la bahía. Entre Can Picafort y Alcúdia, en cambio, el litoral de Son Real se mantiene sin construir, con pinar, costa baja y un yacimiento funerario prehistórico junto al mar que es uno de los conjuntos arqueológicos más singulares de la isla.
El municipio tiene tres piezas muy diferenciadas. Santa Margalida pueblo concentra la mayor parte de la vivienda habitual y de los servicios: casas de pueblo, pisos en edificios de pocas alturas, vida todo el año y los precios más contenidos del término. Can Picafort es el gran núcleo costero: paseo marítimo, playa larga, comercio y restauración, con mucha oferta de apartamento y adosado y una orientación claramente vacacional, más Son Bauló en su extremo, de carácter algo más residencial y tranquilo. Son Serra de Marina es el otro núcleo de costa, bastante más pequeño y apartado, de ambiente muy tranquilo y con un fondeadero; es la opción para quien quiere mar sin núcleo grande. Alrededor queda suelo rústico con fincas y casas de campo. Aquí no se elige entre barrios: se elige entre pueblo, gran núcleo de playa, cala tranquila y campo.
El pueblo funciona como cabecera del municipio, con ayuntamiento, comercio de proximidad, mercado, centros educativos, centro de salud, instalaciones deportivas y una vida local constante los doce meses, al margen de la temporada. Can Picafort tiene una oferta propia muy completa de comercio, restauración y servicios —es un núcleo grande—, con población residente, pero acusa con fuerza el ciclo turístico: muy animado en temporada y bastante más apagado en invierno, cuando parte de la oferta cierra. Son Serra de Marina es esencialmente residencial y estacional, con servicios mínimos. Para servicios especializados y oferta comercial grande, la referencia es Inca, que no queda lejos, o Palma. Es un municipio práctico para vivir todo el año si se elige el pueblo, y de uso más vacacional en la costa.
La costa del municipio es una de las más largas de la bahía de Alcúdia y combina registros opuestos: la playa urbana de Can Picafort, con paseo y todos los servicios, y el tramo de Son Real, sin edificios, con pinar, costa baja y caminos junto al mar, además del arenal de Son Serra. Ese contraste entre playa equipada y litoral virgen en el mismo término es su rasgo más valioso. En Son Real, además, hay un yacimiento funerario prehistórico junto a la orilla y una finca pública con itinerarios, que permiten recorrer el tramo a pie. Tierra adentro, el paisaje agrícola llano es terreno ideal para el ciclismo, muy presente en esta zona del norte, y para caminar por caminos rurales. En lo cultural, el pueblo gira alrededor de La Beata y de sus ferias, con una tradición festiva muy arraigada.
Santa Margalida está en el norte, con buena posición: la autopista de Inca deja Palma y el aeropuerto a un trayecto cómodo y llano, y las carreteras locales conectan con Muro, Alcúdia, Petra y el Llevant. Dentro del municipio, lo determinante es la distancia entre el pueblo y la costa: no son contiguos, hay varios kilómetros de campo entre ellos, de modo que el coche es necesario para ir de uno a otro y también si se vive en el campo o en Son Serra de Marina, que queda más apartado. El transporte público conecta el pueblo con Inca y Palma y Can Picafort con los núcleos de la bahía, con mejor frecuencia en temporada. En verano, el tráfico y el aparcamiento en Can Picafort son el punto débil.
Los dos mercados dan ofertas distintas. En el pueblo predominan las casas de pueblo —muchas amplias, de varias plantas, con patio y a menudo por reformar— y los pisos, en el tramo de precio más accesible del norte para un municipio con servicios. En Can Picafort, apartamentos y áticos cerca de la playa y del paseo, junto a adosados y chalets en las zonas residenciales como Son Bauló; es el producto más abundante del término y el de uso más mixto entre residencia y segunda residencia. En Son Serra de Marina, viviendas unifamiliares y chalets de baja densidad, muchos con vistas al mar. Y en el campo, fincas y casas de campo con terreno. La obra nueva es limitada y buena parte del mercado se mueve en segunda mano y reforma, con bastante producto de los años del desarrollo turístico en la costa.
El municipio tiene bastante actividad para su tamaño y combina dos demandas que apenas se cruzan: la vivienda habitual del pueblo, con compradores locales y de la comarca y precios de los más razonables de la zona norte, y la segunda residencia de la costa, con peso del comprador internacional atraído por la bahía de Alcúdia y por el precio, más accesible que en los municipios vecinos de la misma bahía. Son Serra de Marina funciona casi como un mercado aparte, pequeño y muy buscado por su tranquilidad. En el término hay además una presencia notable de suelo a la venta, lo que abre la opción de comprar parcela para construir —con los condicionantes propios del suelo rústico—, mientras la finca ya construida sigue siendo el producto escaso. La oferta de alquiler residencial de larga duración es más real en el pueblo y en Can Picafort que en el resto, y en la costa está condicionada por el alquiler de temporada. Es una de las entradas más asequibles al mercado del norte.
Santa Margalida encaja especialmente con quien busca primera vivienda asequible en un pueblo del norte con servicios y vida todo el año, con quien quiere casa de pueblo grande para reformar, con perfiles de segunda residencia que buscan apartamento de playa a precio más contenido que en el resto de la bahía, con quien prefiere la tranquilidad de Son Serra de Marina y con quien valora tener un tramo de litoral sin urbanizar al lado. Conviene valorar, en cambio, que el pueblo y la playa no están juntos, la fuerte estacionalidad de Can Picafort frente a la estabilidad del pueblo, la afluencia y el aparcamiento en la costa en verano, la dependencia del coche —especialmente en Son Serra de Marina, que queda apartado y con pocos servicios—, la antigüedad de parte del parque de vivienda de Can Picafort, que suele pedir reforma, y la distancia a Palma. Es un municipio con buena relación entre lo que ofrece y lo que cuesta.