La sierra de Tramuntana desde el Castell d'Alaró (Mallorca)

Municipio

Alaró

Alaró está al pie de la Serra de Tramuntana, en el Raiguer, y es uno de los pueblos del interior de Mallorca que más ha ganado atractivo en los últimos años sin perder su forma. Lo primero que se ve al llegar son los dos riscos que lo presiden, con el Castell d'Alaró en lo alto de uno de ellos, y eso resume bien el municipio: un pueblo de piedra con servicios y vida propia, pegado a la montaña, a poca distancia de Inca y con Palma a un trayecto cómodo. No hay costa. Lo que hay es paisaje de Tramuntana, casco histórico con carácter, una comunidad activa y un mercado donde la casa de pueblo bien reformada y la finca con bancales tienen demanda real, nacional e internacional.

El término va del llano del Raiguer a la montaña, y su imagen la marcan los dos farallones rocosos que se levantan al sur del pueblo. En lo alto de uno de ellos está el castillo roquero, una fortificación medieval con santuario y hospedería que es uno de los lugares más visitados de la sierra y el símbolo del municipio. Abajo, el pueblo conserva una trama de calles estrechas y casas de piedra, con la iglesia parroquial y la plaza como centro, y una tradición de oficios —el calzado y la piel tuvieron peso aquí— que dejó edificios y fisonomía propia. Alrededor, olivares en bancales sostenidos por paredes de piedra en seco, almendros, encinares y torrentes. Es un municipio de montaña con la escala y los servicios de un pueblo del Raiguer.

Alaró es, en esencia, un pueblo y su término de montaña. El pueblo concentra casi toda la vivienda y todos los servicios: el casco antiguo de casas de piedra entre medianeras, con calles estrechas y algunas en cuesta; los ensanches, donde aparecen viviendas unifamiliares con jardín y mejor acceso en coche; y los bordes, con vivienda más reciente y vistas al llano o a los riscos. Alrededor, el suelo rústico con fincas, possessions, olivares en bancales y casas de campo con terreno, que es el producto más buscado por el comprador de fuera y el que marca los tramos altos del término. No hay urbanizaciones ni núcleos costeros. La elección aquí es entre casco antiguo, ensanche y campo, y cambia sobre todo lo práctico del día a día.

Alaró tiene más vida y más servicios de lo que su tamaño sugiere: comercio de proximidad variado, mercado, centros educativos, centro de salud, instalaciones deportivas, servicios municipales y una actividad cultural y asociativa notable, con una comunidad estable y diversa que vive aquí todo el año. No hay estacionalidad turística apreciable; el pueblo es el mismo en enero que en agosto, aunque el castillo trae visitantes. Para la compra grande, los institutos, la atención especializada y la oferta comercial amplia, la referencia es Inca, que está muy cerca y tiene ficha propia, y después Palma. Esa combinación —pueblo de montaña con vida real y dos centros de servicios a mano— es la base de su demanda.

Alaró no tiene mar, pero tiene una de las mejores entradas a la Serra de Tramuntana. La subida al castillo es la ruta más conocida del municipio, con vistas que abarcan buena parte de la isla, y desde el pueblo salen caminos hacia los bancales, el encinar y las cumbres cercanas. El paisaje de piedra en seco, olivares y caminos empedrados forma parte del conjunto de la Tramuntana reconocido por la UNESCO como paisaje cultural. El ciclismo es intenso en la zona, tanto por el llano del Raiguer como por las subidas a la sierra. En lo cultural, el pueblo mantiene fiestas y ferias con mucha participación y una escena local activa durante todo el año, que es parte de lo que atrae a quien se instala aquí. Las playas más cercanas quedan a un trayecto en coche.

Alaró está bien situado: muy cerca de Inca y con acceso cómodo a la autopista que une Palma con el norte, lo que deja la capital y el aeropuerto a un trayecto razonable y llano. También conecta por carretera local con Consell, Binissalem, Lloseta, Santa Maria del Camí y, por la montaña, con Bunyola. No hay estación de tren en el municipio: la línea Palma–Inca pasa por los pueblos vecinos del llano, de modo que usar el tren implica un corto desplazamiento previo. Dentro del término, el pueblo se recorre a pie —con cuestas en el casco— y el coche es necesario para el trabajo, para el campo y para la playa. El acceso al castillo es por una carretera de montaña estrecha. El aparcamiento en el casco es limitado.

El producto característico es la casa de pueblo de piedra, de dos o tres plantas, con patio o terraza, muchas reformadas con criterio en los últimos años y otras por reformar; es lo más abundante y lo que más ha subido de valor, porque aquí la piedra y el carácter se pagan. En los ensanches y los bordes hay viviendas unifamiliares y chalets con jardín y vistas, que es lo más práctico para vivir todo el año, y algún piso, minoritario. En el campo, fincas, possessions y casas de campo con olivar y bancales, el producto más exclusivo del término. La obra nueva es muy limitada, por el tamaño del casco y por la protección del paisaje de la sierra, de modo que el mercado se mueve en segunda mano, rehabilitación y reforma, y la reforma bien hecha es aquí un valor en sí.

Alaró es uno de los mercados del interior donde más se nota la llegada de demanda de fuera. A la vivienda habitual del comprador local y comarcal se le ha sumado, de forma sostenida, un comprador de Palma y un comprador internacional que buscan casa de piedra con carácter o finca con bancales en un pueblo con vida y con la sierra encima, y eso ha empujado los precios por encima de los de otros pueblos del Raiguer de tamaño parecido. La oferta publicada es modesta y de poca rotación: el producto bueno aparece poco y se mira rápido. La oferta de alquiler residencial de larga duración es escasa y competida, aunque aquí no compite con el alquiler de temporada como en la costa.

Alaró encaja especialmente con quien quiere vivir en un pueblo de la Tramuntana con servicios y vida propia, con quien trabaja en Inca o en Palma y prefiere el interior, con quien busca casa de piedra con carácter —reformada o para reformar—, con quien quiere finca con olivar y bancales, y con aficionados al senderismo y al ciclismo. Conviene valorar, en cambio, el nivel de precios, que ya no es el de un pueblo cualquiera del interior, la escasez de oferta, que no hay mar y que la playa está a un rato en coche, el casco en cuesta y el aparcamiento limitado, el coste y los condicionantes de reformar en piedra y en paisaje protegido, los visitantes que atrae el castillo y un invierno de pie de sierra más fresco y húmedo que el de la costa. Para quien encaje, es uno de los pueblos más completos del interior de Mallorca.

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