
Municipio
Bunyola
Bunyola está en la falda sur de la Serra de Tramuntana, entre Palma y Sóller, y es un municipio con tres registros que casi no se parecen entre sí: un pueblo de piedra al pie de la montaña, una urbanización residencial pegada a la capital y un valle de interior minúsculo y casi intacto en lo alto de la sierra. Por su término pasan la carretera y el túnel que llevan a Sóller y el tren histórico de vía estrecha, que tiene parada aquí. No hay costa. Lo que hay es paisaje de Tramuntana muy cerca de Palma, y eso lo convierte en uno de los municipios de interior con más demanda de residente permanente de la isla.
El término es extenso y muy montañoso: sube desde el llano hasta las cumbres de la sierra, con olivares en bancales, encinares, torrentes y una geografía que lo divide en partes mal conectadas entre sí. El pueblo de Bunyola se asienta al pie de la montaña, con calles en cuesta, casas de piedra y la iglesia parroquial como referencia, y conserva una vida local propia. En el término hay además dos conjuntos de jardines históricos ligados a antiguas possessions, de los más conocidos de Mallorca, uno de ellos en la carretera de Sóller y otro de titularidad pública, que son el patrimonio visitable del municipio. Y en lo alto, el valle de Orient, un caserío diminuto rodeado de montañas que es uno de los rincones más apartados y mejor conservados de la sierra.
Bunyola tiene tres piezas muy distintas y la elección entre ellas lo cambia todo. Bunyola pueblo es el núcleo principal y de servicios: casco de piedra en cuesta, ensanches en la ladera y vida constante todo el año. Palmanyola es una urbanización residencial de baja densidad, separada del pueblo y mucho más cerca de Palma, de casas con parcela y jardín, orientada por completo a la residencia permanente de quien trabaja en la capital; funciona casi como un municipio aparte. Orient, en el valle alto, es un caserío de apenas unas casas, con una oferta de vivienda casi inexistente y muy codiciada por su entorno. Alrededor, el suelo rústico con fincas, possessions, olivares en bancales y casas de campo, el producto más exclusivo del término.
Bunyola pueblo tiene lo necesario para el día a día: comercio de proximidad, servicios municipales, atención sanitaria y educativa de los primeros niveles e instalaciones deportivas, con una vida local estable los doce meses y sin estacionalidad turística. Palmanyola es esencialmente residencial, con muy pocos servicios propios, y depende del pueblo o —más habitualmente— de Palma, que tiene mucho más cerca. Orient no tiene prácticamente servicios y depende por completo del coche. Para la compra grande, los institutos, la atención especializada y la oferta comercial amplia, la referencia es Palma, y es lo que hace viable vivir aquí: montaña con la capital al lado. Es un municipio cómodo para familias y residentes permanentes, con la advertencia de que el nivel de servicio varía mucho según la pieza que se elija.
Bunyola no tiene mar, pero tiene una de las mejores entradas a la Serra de Tramuntana: desde el pueblo y desde Orient salen caminos y rutas hacia las cumbres y los valles de la sierra, con bancales de piedra en seco, olivares y encinares que forman parte del conjunto reconocido por la UNESCO como paisaje cultural. El cicloturismo es muy intenso, porque por el término pasan la carretera del Coll de Sóller —con sus curvas de herradura, uno de los puertos más conocidos de la isla— y el acceso al valle de Orient. En lo cultural, los jardines históricos del término son la visita de referencia, y el pueblo mantiene fiestas y ferias con vida propia. La costa queda a un trayecto en coche: la bahía de Palma por el sur y Sóller al otro lado de la sierra.
Es un punto fuerte poco conocido del municipio: Bunyola tiene parada del tren histórico de Palma a Sóller, lo que le da una conexión ferroviaria que casi ningún pueblo de la sierra tiene. Por carretera, está sobre el eje Palma–Sóller, con el túnel que atraviesa la sierra y la carretera antigua del Coll, y Palma queda a un trayecto corto —más corto todavía desde Palmanyola—. El aeropuerto está al otro lado de la capital, a distancia razonable. Dentro del término, el coche es necesario: las tres piezas del municipio están separadas y el acceso a Orient es por una carretera de montaña estrecha y revirada que no admite prisas. En el casco, las cuestas y el aparcamiento escaso son el inconveniente habitual de los pueblos de piedra.
La oferta cambia radicalmente según la pieza. En Bunyola pueblo, casas de pueblo de piedra, de dos o tres plantas, con patio o terraza y a menudo por reformar, además de alguna vivienda más reciente en los ensanches: es el tramo con más carácter. En Palmanyola, viviendas unifamiliares y chalets con parcela y jardín, el producto más orientado a familia y a residencia permanente y el que más se mueve del municipio. En Orient, casas de piedra contadísimas. Y en el campo, fincas, possessions y casas de campo con olivar y bancales, el segmento más alto y más escaso. La obra nueva es muy limitada, por la protección del paisaje de la sierra, de modo que el mercado se mueve en segunda mano, rehabilitación y reforma.
Bunyola es uno de los municipios de interior donde la demanda de residente permanente pesa más, y por el mismo motivo que en Esporles: se puede vivir en la Tramuntana y trabajar en Palma. Eso tensiona el mercado y sostiene precios por encima de lo que correspondería a un pueblo de interior sin costa, especialmente en Palmanyola, donde la unifamiliar con jardín compite directamente con el extrarradio de la capital. A eso se suma el comprador internacional y de segunda residencia interesado en la casa de piedra del pueblo, en la finca con bancales y —muy puntualmente— en Orient, que es producto de coleccionista. La oferta publicada es corta y de poca rotación. El alquiler residencial de larga duración es escaso y competido, aunque aquí no compite con el alquiler de temporada.
Bunyola encaja especialmente con quien quiere vivir en la Tramuntana trabajando en Palma, con familias que buscan unifamiliar con jardín en Palmanyola, con quien quiere casa de piedra con carácter en el pueblo, con quien busca finca con olivar o bancales, con quien persigue algo excepcional en Orient, y con aficionados al senderismo y al ciclismo. Conviene valorar, en cambio, el nivel de precios, que no es el de un pueblo cualquiera del interior, la escasez de oferta, que no hay mar y que la playa está a un rato en coche, la enorme diferencia de carácter y de servicios entre las tres piezas del municipio —conviene tener muy claro cuál se busca—, lo apartado de Orient y su carretera de montaña, el aparcamiento y las cuestas del casco, el coste de reformar en piedra y en paisaje protegido, y un clima de falda de sierra más fresco y húmedo que el de la costa.