
Municipio
Santa Maria del Camí
Foto: Chixoy · CC BY-SA 3.0 · Wikimedia Commons · recortada
Santa Maria del Camí está en el Raiguer, en el eje entre Palma e Inca, al pie de la Serra de Tramuntana, y es uno de los pueblos del interior de Mallorca con más demanda para vivir todo el año. La razón es sencilla y muy práctica: tiene estación de tren con servicio directo a Palma y a Inca, está sobre la autopista, conserva un pueblo con vida propia y mercado semanal, y tiene la sierra al lado. No hay costa. Lo que hay es un municipio cómodo, con servicios, bien comunicado y con un mercado de casa de pueblo, unifamiliar y finca que compite directamente con el extrarradio de la capital.
El término está en la llanura del Raiguer, con el pueblo asentado junto al antiguo camino de Palma a Inca —de ahí su nombre— y el terreno subiendo suavemente hacia las primeras elevaciones de la Tramuntana por el norte. Es tierra de viña: Santa Maria está en la comarca vinícola del centro de Mallorca y el cultivo forma parte de su paisaje y de su economía. El pueblo es de escala media, con un casco de casas de piedra y portales de medio punto, la iglesia parroquial y un convento como referencias, y un mercado semanal que es uno de los más concurridos del interior y una cita para toda la comarca. Alrededor, campo de viña, almendros y secano, con possessions y casas de campo repartidas.
Santa Maria es, en lo esencial, un pueblo y su campo, con una pieza más. El pueblo concentra la mayor parte de la vivienda y todos los servicios: casco antiguo de casas de piedra, ensanches con vivienda más reciente y unifamiliares, y los bordes junto a la carretera y la estación. Es Cabàs y los pequeños núcleos y diseminados del término son mucho más rurales y tranquilos. Y alrededor, el suelo rústico con fincas, viña, possessions y casas de campo con terreno, que es el producto más buscado por el comprador de fuera y el que marca los tramos altos. No hay urbanizaciones de costa ni zonas residenciales de playa; la elección es entre casco, ensanche y campo, y lo que más cambia es la comodidad del día a día.
Es el punto fuerte del municipio y la base de su demanda. Santa Maria tiene comercio de proximidad variado, un mercado semanal de referencia comarcal, centros educativos, centro de salud, instalaciones deportivas, servicios municipales y una vida local y asociativa activa, con una comunidad estable que vive aquí todo el año y sin estacionalidad turística apreciable. Lo que no está aquí se resuelve en Palma o en Inca, las dos a un trayecto muy corto y las dos accesibles en tren, que es la diferencia real respecto a casi cualquier otro pueblo del interior. Es un municipio pensado para la vida cotidiana, cómodo para familias y para quien trabaja en la capital.
Santa Maria no tiene mar, y conviene decirlo: para playa hay que coger el coche, aunque la bahía de Palma queda cerca. Su entorno es el del Raiguer: campo de viña y almendros, caminos rurales entre paredes de piedra, y por el norte el arranque de la Serra de Tramuntana, que da acceso a rutas de senderismo sin tener que desplazarse. El terreno es muy transitado por cicloturistas, tanto por el llano como por las subidas a la sierra. En lo cultural, el pueblo gira alrededor de su mercado, de sus fiestas y ferias y de la tradición del vino, que aquí es identidad y no decorado. Para oferta grande —teatro, conciertos, museos— la referencia es Palma, que está a un paso, también en tren.
Es, con diferencia, el mejor argumento de Santa Maria. El municipio tiene estación de tren en la línea Palma–Inca, con servicio en las dos direcciones, lo que permite ir a la capital o a Inca sin coche: muy pocos pueblos del interior de Mallorca pueden decir lo mismo. A eso se suma la autopista Palma–Inca, que lo deja a un trayecto corto y llano de la capital y del aeropuerto, y las carreteras locales hacia Marratxí, Consell, Alaró, Bunyola y Santa Eugènia. Dentro del término, el pueblo se recorre a pie sin dificultad —no está en cuesta como los de la sierra— y el coche es necesario sobre todo para el campo y para los diseminados. El aparcamiento en el casco es el inconveniente habitual, agravado los días de mercado.
La oferta está orientada a vivir todo el año. En el casco predominan las casas de pueblo de piedra, de dos o tres plantas, con patio o corral, algunas de cierto empaque y bastantes por reformar. En los ensanches, viviendas unifamiliares y adosados con jardín, más prácticos para familia, y algún piso en edificios de pocas alturas. En el campo, fincas, possessions y casas de campo con terreno y viña, el producto más exclusivo del término y el que atrae al comprador de Palma y al internacional. La obra nueva es limitada pero existe, en los ensanches, y conviven con la segunda mano y la rehabilitación. La casa de pueblo bien reformada es aquí un producto con demanda clara, no solo una opción barata.
Santa Maria es uno de los mercados del Raiguer con más demanda sostenida de residente permanente, y la razón es la de siempre aquí: tren, autopista, servicios y sierra al lado. Compiten por la misma vivienda el comprador local y comarcal y quien sale de Palma buscando pueblo con más espacio y mejor precio sin perder conexión, y eso ha ido empujando los precios por encima de los de otros pueblos del interior de tamaño parecido. A esa demanda se suma el comprador internacional interesado en la finca con viña y en la casa de piedra con carácter. La oferta publicada es corta y de poca rotación. El alquiler residencial de larga duración tiene aquí algo más de peso real que en la costa, porque no compite con el alquiler de temporada, aunque sigue siendo escaso.
Santa Maria encaja especialmente con quien quiere vivir en un pueblo del interior y no depender del coche para ir a Palma, con familias que buscan unifamiliar o casa de pueblo con espacio, con quien trabaja en la capital o en Inca, con quien busca finca con viña o casa de campo, y con aficionados al ciclismo y al senderismo, por tener la sierra al lado. Conviene valorar, en cambio, que no hay mar y que la playa está a un rato en coche, el nivel de precios, que ya no es el de un pueblo cualquiera del Raiguer, la escasez de oferta, el aparcamiento en el casco —peor los días de mercado—, el estado de buena parte de las casas de pueblo, que suelen pedir reforma, los condicionantes de construir o ampliar en suelo rústico, el paso de la autopista y del tren por el término, con el ruido que eso implica en algunas zonas, y un invierno de interior más fresco que el de la costa.