La iglesia de Mancor de la Vall y su plaza, con la sierra de Tramuntana justo detrás (Mallorca)

Municipio

Mancor de la Vall

Foto: Araceli Merino · CC BY-SA 3.0 · Wikimedia Commons · recortada

Mancor de la Vall es un pueblo pequeño al pie de la Serra de Tramuntana, en el Raiguer, entre Selva, Lloseta, Alaró y Escorca. Fue parte del término de Selva hasta 1925, y su territorio se formó a partir de cuatro alquerías de origen andalusí que todavía dan nombre a los parajes del término. Para quien busca vivienda, ofrece casa de pueblo de montaña a precios de interior, con la sierra empezando literalmente detrás del casco e Inca a pocos minutos.

El término ocupa un valle en el contacto entre el llano y la montaña, con bancales, olivar y encinar subiendo hacia las cumbres. Según la historia que publica el propio ayuntamiento, en época islámica la zona pertenecía al distrito de Inkan y estaba formada por cuatro alquerías —Mancor, Benorio, Maizarella y Benizen— que son los actuales Mancor, Biniarroi, Massanella y Biniatzent.

La pieza patrimonial más reconocible es la capilla de Santa Llúcia, documentada en el siglo XIV y levantada entre las alquerías de Mancor y Biniarroi para atender a unos vecinos que, hasta entonces, tenían que bajar a la iglesia de Sant Llorenç de Selva. El catálogo de patrimonio del municipio recoge además la iglesia parroquial, la possessió de Massanella y su entorno, y la tafona de Son Morro.

El pueblo de Mancor concentra los servicios y casi toda la vivienda urbana: casa entre medianeras, calles en ligera pendiente y algún ensanche reciente con unifamiliares. Los antiguos parajes de Biniarroi, Massanella y Biniatzent son hoy zona rústica de casas dispersas y fincas de montaña, donde está el producto más singular y también el más complicado por accesos y suministros.

El ayuntamiento mantiene biblioteca municipal y archivo municipal, además de los servicios básicos de un pueblo de este tamaño. Para institutos, hospital comarcal, grandes superficies y administración, Inca está a pocos minutos; Palma queda a un trayecto corto desde allí. No hay estacionalidad turística apreciable: es un municipio de población permanente, aunque recibe visitantes de montaña los fines de semana.

No hay costa. Lo que hay es sierra: desde el término arrancan accesos a la Tramuntana y a su macizo central, con caminos y rutas de senderismo que son el principal atractivo del municipio y la razón de buena parte de su afluencia de fin de semana.

La cita del año es la Fira de l'Esclata-sang i de la Muntanya, la feria de otoño dedicada a la seta y a la montaña, que el ayuntamiento organiza con convocatoria propia de participantes. La capilla de Santa Llúcia, sobre el pueblo, es el paseo corto clásico.

Mancor está conectado por carretera con Selva, Lloseta e Inca. No tiene estación de tren: las más próximas son las de Inca y Lloseta, a pocos minutos en coche. El autobús enlaza el municipio con Inca. El coche es necesario, y conviene contar con que las carreteras hacia la montaña son estrechas y lentas.

Casa de pueblo entre medianeras, a menudo de piedra y con patio, en el casco; algo de unifamiliar con parcela en los bordes; y casas de campo y fincas de montaña en los parajes del término. La obra nueva es escasa. Buena parte del término está dentro del ámbito de la Serra de Tramuntana, con un régimen de protección que condiciona la edificación y la rehabilitación en rústico: conviene verificar qué permite antes de comprar con un proyecto, además de comprobar accesos y suministros.

Mercado muy pequeño, de poca rotación y con escasa oferta publicada a la vez. La demanda es local y comarcal, con comprador de fuera interesado en la casa con vistas y en la finca de montaña, que son las que sostienen los precios más altos del municipio. El alquiler residencial de larga duración es escaso. El alquiler turístico está sujeto a una normativa que ha cambiado varias veces y es especialmente restrictiva en rústico protegido: conviene confirmarla para el inmueble concreto.

Encaja con quien quiere la Serra de Tramuntana a la puerta sin pagar el precio de los pueblos más conocidos de la sierra, y con quien trabaja en Inca o necesita ir a Palma con cierta frecuencia. Conviene valorar la ausencia de mar, lo limitado de los servicios, la escasez de oferta, el coste de reformar en piedra y en pendiente, y el marco de protección de la sierra, que es el que mantiene el entorno y a la vez restringe lo que puede hacerse con una propiedad.

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