La pasarela de madera sobre las dunas de la playa de Muro, hacia el arenal y la bahía de Alcúdia (Mallorca)

Municipio

Muro

Muro es uno de esos municipios del norte de Mallorca con dos vidas muy separadas. Tierra adentro, un pueblo agrícola grande, con casco histórico, patrimonio y una actividad hortícola que sigue siendo real. En la costa, a varios kilómetros, el término alcanza la bahía de Alcúdia y allí está Playa de Muro, la playa más extensa de la isla, con su franja hotelera, su sistema dunar protegido y el parque natural de s'Albufera justo detrás. Entre una cosa y la otra hay solo campo. Esa separación física entre el pueblo y el mar explica casi todo su mercado: en el pueblo se compra vivienda habitual a precios razonables, y en la costa, segunda residencia y apartamento de playa.

El término es amplio y llano, de huerta y secano en el interior y de humedal y arenal en su extremo norte. Muro fue y sigue siendo un municipio agrícola del Pla: tierras de regadío, hortalizas y una tradición de trabajo del campo que marca el calendario local. El pueblo tiene un casco histórico bien conservado, de casas de piedra y portales de medio punto, con la iglesia parroquial y el convento como referencias, y conserva uno de los conjuntos etnográficos más interesantes de Mallorca, dedicado precisamente a los oficios y la vida rural de la isla. Su otro elemento singular es una plaza de toros excavada en la roca de una antigua cantera, en el propio pueblo, que no se parece a ninguna otra de las islas. Hacia el norte, el término cambia por completo: s'Albufera, el humedal más importante de Baleares, y una franja de arena y dunas en la bahía de Alcúdia.

Muro tiene dos piezas separadas por campo, y la elección entre ellas es la decisión principal. Muro pueblo concentra la mayor parte de la vivienda y de los servicios: casco histórico, ensanches, casas de pueblo y pisos, con vida todo el año y precios contenidos. En la costa, la franja de Playa de Muro reúne la oferta vinculada al mar, repartida en sectores muy distintos entre sí: desde la zona urbanizada con hoteles y servicios en primera línea hasta el tramo de dunas protegido, sin un solo edificio. Dentro de esa franja está Ses Casetes des Capellans, un poblado de casetas levantado sobre la arena que es un caso único en Mallorca. Entre el pueblo y la costa hay suelo rústico con fincas y casas de campo, buena parte de ellas en terreno de huerta. No hay más núcleos: aquí no se elige entre barrios, se elige entre pueblo, campo y playa.

El pueblo funciona como centro de servicios del municipio, con comercio de proximidad, mercado, centros educativos, centro de salud, instalaciones deportivas y servicios municipales, y con una vida local constante los doce meses, muy poco afectada por la temporada. Es, de hecho, uno de los municipios donde el contraste entre pueblo y costa es más marcado: mientras el pueblo vive igual en febrero que en agosto, la franja de Playa de Muro es intensamente estacional, con una oferta volcada al visitante que se reduce mucho en invierno. Para servicios especializados y oferta comercial grande, la referencia es Inca —que queda cerca y tiene ficha propia— o Palma. Es un municipio práctico para vivir todo el año si se elige el pueblo, y de uso claramente vacacional si se elige la costa.

El norte del término es excepcional. Playa de Muro es la playa más extensa de Mallorca y la de referencia para quien va con niños, por lo despacio que entra el agua; y detrás, s'Albufera, el humedal más importante de Baleares, un parque natural de canales, cañaverales y lagunas con una de las mejores observaciones de aves del Mediterráneo occidental, con itinerarios y observatorios. Tener playa larga y humedal protegido en el mismo municipio es una combinación que casi no se repite en la isla. El interior aporta el paisaje de huerta, los caminos rurales llanos —terreno ideal para el ciclismo, muy presente en esta zona del norte— y el patrimonio disperso. En lo cultural, el pueblo mantiene fiestas arraigadas, el museo etnográfico y la plaza de toros excavada en la roca como su rareza más visitada.

Muro está en el norte de Mallorca, bien situado: tiene estación de tren en la línea que une Sa Pobla con Inca y Palma, la autopista de Inca deja la capital y el aeropuerto a un trayecto cómodo y llano, y las carreteras locales conectan con Inca, Sa Pobla, Santa Margalida y Alcúdia. Es una de las mejores comunicaciones del norte de la isla, y el tren es la parte que menos se nombra. Dentro del municipio, el punto a tener en cuenta es la distancia entre el pueblo y la costa: no son contiguos, hay varios kilómetros de campo entre ellos, y eso hace que el coche sea necesario para ir de uno a otro, y también si se vive en el campo. El transporte público conecta el pueblo con Inca y Palma y la costa con los núcleos turísticos de la bahía, con mejor frecuencia en temporada. En verano, el tráfico y el aparcamiento en la franja de playa son el punto débil.

Los dos mercados dan dos ofertas distintas. En el pueblo predominan las casas de pueblo —muchas amplias, de dos o tres plantas, con patio y a menudo por reformar— y los pisos en edificios de pocas alturas, en el tramo de precio más accesible del norte para un municipio con servicios. En el campo, fincas y casas de campo con terreno, con la particularidad de que buena parte del suelo es de huerta. En la costa, apartamentos cerca de la playa —el producto más abundante y con uso mixto entre residencia y segunda residencia—, junto a adosados y unifamiliares en las zonas residenciales de la franja. Ses Casetes des Capellans es un caso aparte y con su propia casuística. La obra nueva es limitada en la costa, condicionada por la protección del sistema dunar y del parque natural, y el peso está en segunda mano, rehabilitación y reforma.

Muro combina dos demandas que apenas se cruzan: la vivienda habitual del pueblo, con compradores locales y de la comarca, y la segunda residencia de la costa, con peso importante del comprador internacional atraído por la bahía de Alcúdia. A eso se suma el suelo: una parte importante de lo que sale a la venta en el término son terrenos, en un municipio con mucha tierra de huerta, lo que abre la puerta a comprar parcela para construir —con todos los condicionantes que eso tiene en suelo rústico— y hace que la finca ya construida sea el producto más escaso. Los precios del pueblo están entre los más razonables de la zona norte, mientras que la franja costera se mueve en los niveles del resto de la bahía. La oferta de alquiler residencial de larga duración es más real en el pueblo que en la costa, donde el alquiler de temporada condiciona mucho el mercado. Es un municipio con producto para perfiles muy distintos y con una entrada más accesible que sus vecinos de costa.

Muro encaja especialmente con quien busca primera vivienda asequible en un pueblo del norte con servicios y vida todo el año, con quien quiere casa de pueblo grande para reformar, con familias atraídas por una playa de aguas poco profundas, con perfiles de segunda residencia e internacionales en la franja costera y con quien valora tener un parque natural al lado. Conviene valorar, en cambio, que el pueblo y la playa no están juntos —es el rasgo que más sorprende a quien no conoce el municipio y el que más condiciona la elección—, la fuerte estacionalidad de la costa frente a la estabilidad del pueblo, la afluencia y el aparcamiento en la franja de playa en verano, la dependencia del coche, el estado de buena parte de las casas de pueblo, que suelen pedir reforma, y los condicionantes de construir en suelo rústico de huerta o cerca de espacios protegidos. Bien entendida esa dualidad, es uno de los municipios más completos del norte.

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