La muralla y la escalinata del castillo de Capdepera (Mallorca)

Municipio

Capdepera

Capdepera ocupa el extremo noreste de Mallorca, el punto de la isla más cercano a Menorca, y es un municipio de contrastes muy marcados. En lo alto, un pueblo de piedra coronado por un recinto fortificado que es uno de los castillos mejor conservados de Baleares. Abajo, Cala Rajada, un antiguo puerto de pescadores convertido en destino de playa y en el núcleo residencial más grande del término. Y entre medias, una costa de calas abiertas al norte —Cala Mesquida entre ellas— y un interior de pinar, dunas y tramos protegidos de los mejor conservados de la isla. Para el comprador es un mercado de volumen modesto, con mucha segunda residencia, una comunidad internacional asentada desde hace décadas y un entorno natural que es su principal argumento.

El término es el último tramo de la Serra de Llevant antes del mar: colinas bajas de pinar y lentisco, acantilados, calas y uno de los sistemas dunares más importantes de Mallorca. El pueblo de Capdepera nació al abrigo de su castillo, un recinto amurallado medieval sobre un cerro que domina todo el noreste y que todavía se recorre entero; a sus pies, calles en cuesta de casas de piedra. La otra raíz del municipio es artesana: la obra de llatra, el trenzado del palmito para hacer cestería y calzado, fue durante generaciones una actividad económica real aquí y sigue siendo la seña de identidad del pueblo, con su feria propia. En la costa, la historia es más reciente: Cala Rajada creció desde mediados del siglo XX como destino turístico, y hoy el municipio combina ese frente marítimo desarrollado con una franja de litoral protegido donde no hay nada construido.

Capdepera tiene varios núcleos con carácter muy distinto. Capdepera pueblo, en el interior y en cuesta, es el centro administrativo y de servicios, con casas de piedra, vida todo el año y los precios más contenidos del término. Cala Rajada es el núcleo mayor: puerto, paseo, comercio, playas urbanas y la mayor parte de la oferta residencial y vacacional, con Son Moll y Sa Pedruscada como zonas próximas al mar. Canyamel, al sur, es una zona residencial y vacacional junto a una playa amplia, de baja densidad y con golf en su entorno. Font de sa Cala es una urbanización costera más recogida, y el entorno de Cala Mesquida, al norte, reúne una urbanización junto a uno de los arenales más salvajes de la isla. Alrededor queda suelo rústico con fincas y casas de campo. El pueblo vive los doce meses; la costa es marcadamente estacional.

El pueblo funciona como cabecera del municipio, con ayuntamiento, comercio de proximidad, mercado, centros educativos, centro de salud, instalaciones deportivas y una vida local constante durante todo el año. Cala Rajada tiene oferta propia bastante completa de comercio, restauración y servicios, con población residente, amplia en temporada y reducida en invierno; el resto de los núcleos costeros —Canyamel, Font de sa Cala, Cala Mesquida— son esencialmente residenciales y vacacionales, y fuera de temporada quedan muy tranquilos, con buena parte de la oferta cerrada. Para servicios especializados y oferta comercial grande, la referencia es Manacor, y para lo demás, Palma. Es un municipio cómodo para vivir todo el año si se elige el pueblo o Cala Rajada, y de uso más vacacional en el resto.

Es el gran activo del término y lo que lo distingue de otros puntos del Llevant. La costa alterna playas urbanas en Cala Rajada con arenales abiertos al norte, entre ellos Cala Mesquida, con el sistema dunar más grande de Mallorca detrás, y Cala Agulla, también en un entorno de pinar protegido. Al sur, Canyamel ofrece una playa amplia y, en su entorno, las cuevas que son una de las visitas subterráneas más conocidas de la isla —están en este término, aunque se las nombre habitualmente por el municipio vecino— y una torre medieval de defensa que es otro de los monumentos del municipio. Tierra adentro, los caminos de la Serra de Llevant dan senderismo y miradores, con el parque natural de la península de Llevant —en el término vecino— al lado, y hay golf en la zona de Canyamel. En lo cultural, el castillo es el escenario del pueblo, con su mercado medieval y la tradición de la llatra como ejes.

Capdepera está en el extremo noreste, conectado por carretera con Artà y desde allí con Manacor, Palma y el aeropuerto, y con Son Servera hacia el sur. Es uno de los municipios más alejados de la capital y conviene tenerlo presente: el trayecto es cómodo pero largo. Desde el puerto de Cala Rajada ha operado en temporada una línea marítima a Menorca, una particularidad del término que conviene confirmar según el año. Dentro del municipio, las distancias entre el pueblo y los distintos núcleos costeros son reales y están repartidas por una costa amplia, así que el coche es imprescindible, sobre todo si se vive en Canyamel, Cala Mesquida o Font de sa Cala. El transporte público conecta el pueblo y Cala Rajada con el resto del Llevant, con mejor frecuencia en temporada. En verano, el acceso y el aparcamiento en las calas más conocidas son el punto débil.

La oferta es variada aunque el volumen sea modesto. En el pueblo predominan las casas de pueblo de piedra —muchas en cuesta, con vistas y a menudo por reformar— y algún piso, en el tramo más accesible del municipio. En Cala Rajada y su entorno, apartamentos y áticos cerca del mar y del paseo, junto a adosados, con uso mixto entre residencia y segunda residencia; es el producto más abundante. En Canyamel, Font de sa Cala y el entorno de Cala Mesquida, villas y chalets de parcela amplia, muchos con vistas al mar o entre pinos: ahí está el segmento alto. Y en el campo, fincas y casas de campo con terreno, escasas. La obra nueva es limitada, condicionada por la protección del litoral y de los espacios naturales, y hay bastante producto de los años del desarrollo turístico que se renueva poco a poco.

El mercado de Capdepera es pequeño en volumen y está muy orientado a la segunda residencia, con una demanda internacional asentada desde hace décadas, sobre todo en las urbanizaciones de Canyamel y del norte del término. La vivienda habitual se concentra en el pueblo y en Cala Rajada, con precios más contenidos que en la costa residencial. Que la oferta publicada en el portal sea corta conviene leerlo como lo que es: un término donde se vende despacio y donde el producto bueno —la casa de piedra con vistas en el pueblo, la villa entre pinos, la finca— aparece poco. Las diferencias entre el pueblo y las urbanizaciones costeras son grandes, tanto en precio como en ambiente. La oferta de alquiler residencial de larga duración es más real en el pueblo y en Cala Rajada que en el resto, muy condicionada por la estacionalidad.

Capdepera encaja especialmente con quien busca segunda residencia en un entorno natural muy bien conservado, con perfiles internacionales, con quien quiere una casa de piedra con carácter y vistas en un pueblo con castillo y vida propia, y con quien valora playas abiertas y poco construidas por encima de la comodidad de tenerlo todo al lado. También con aficionados al senderismo y al golf. Conviene valorar, en cambio, que es uno de los municipios más alejados de Palma y del aeropuerto —el factor que más pesa en la decisión—, la fuerte estacionalidad de la costa, con buena parte de los servicios cerrados en invierno fuera del pueblo y de Cala Rajada, la dependencia total del coche por la dispersión de los núcleos, la afluencia y el aparcamiento en las calas más conocidas en verano, la antigüedad de parte del parque de vivienda de la costa y el volumen reducido de oferta, que obliga a buscar con paciencia. Para quien encaje con su carácter, es uno de los rincones mejor conservados de Mallorca.

Puntos de interés

Municipios vecinos