El Santuari de Cura, en lo alto del Puig de Randa (Algaida, Mallorca)

Municipio

Algaida

Algaida está en el centro de Mallorca, en el Pla, justo en la carretera que une Palma con Manacor, y esa posición lo explica casi todo. Es un municipio de interior, agrícola, sin una sola orilla de mar, con tres núcleos de pueblo y un término de secano, almendros y muros de piedra. Pero está lo bastante cerca de Palma para que mucha gente viva aquí y trabaje allí, y lo bastante en el centro para tener el resto de la isla a mano. Su mercado es de los más razonables de Mallorca para quien busca casa de pueblo o finca con terreno sin alejarse de la capital, y es de los pocos municipios del interior con una oferta publicada constante.

El término es llano o suavemente ondulado, de campo cerrado por paredes de piedra en seco, con almendros, higueras y secano, y una elevación que lo domina todo: el Puig de Randa, una meseta rocosa que se levanta sola sobre el Pla y en cuya cima y laderas hay santuarios de origen medieval, uno de ellos vinculado a la figura de Ramon Llull. Algaida pueblo es un núcleo tranquilo de calles de piedra y plazas, con la iglesia parroquial como referencia, que conserva vida propia todo el año y una tradición de fiestas muy arraigada. Junto a la carretera principal está, además, una vidriería histórica que es uno de los hitos más reconocibles del camino entre Palma y el levante y una de las señas del municipio. El resto es campo trabajado, con possessions y casas de campo dispersas.

Algaida tiene tres núcleos y mucho campo. Algaida pueblo es el principal y concentra la mayor parte de la vivienda y de los servicios: casas de pueblo, pisos en edificios de pocas alturas y vida constante durante todo el año. Pina y Randa son dos núcleos mucho más pequeños, de aire muy rural; Randa, al pie del puig del mismo nombre, es diminuto y uno de los rincones más tranquilos del interior de la isla. Alrededor, el suelo rústico con fincas, possessions y casas de campo con terreno, que es donde está buena parte del interés del municipio para el comprador de fuera. No hay urbanizaciones ni zonas residenciales modernas de entidad: aquí se elige entre pueblo, pueblo pequeño y campo, y la decisión es sobre todo cuánta soledad se quiere.

Algaida pueblo funciona como cabecera del municipio y tiene lo necesario para el día a día: comercio de proximidad, mercado, centros educativos, centro de salud, instalaciones deportivas y servicios municipales, con una vida local que no depende en absoluto de la temporada turística. Pina y Randa, mucho más pequeños, dependen del pueblo para casi todo. La gran ventaja práctica del municipio es la cercanía de Palma: lo que no está aquí se resuelve en la capital sin que el desplazamiento sea una expedición, y lo mismo con Inca o Manacor. Es, en conjunto, un municipio cómodo y estable para vivir todo el año, con el ritmo de un pueblo de interior y sin la estacionalidad de la costa.

Algaida no tiene costa, y conviene decirlo de entrada: para playa hay que coger el coche, aunque desde el centro de la isla casi todo el litoral queda a una distancia razonable. Su entorno es el del interior: campo de secano, caminos rurales entre paredes de piedra y, sobre todo, el Puig de Randa, que se sube por carretera o a pie y ofrece una de las vistas más amplias del Pla y de la bahía de Palma, con sus santuarios en lo alto. El terreno llano del término es muy apreciado para el ciclismo, que en esta zona de la isla es intenso en primavera y otoño. En lo cultural, el pueblo mantiene fiestas y ferias con mucha participación, y la tradición del vidrio soplado es parte de su identidad. Para oferta grande —teatro, conciertos, museos— la referencia es Palma.

Es el punto fuerte de Algaida. El municipio está sobre la carretera principal que cruza la isla de Palma al levante, lo que lo deja a un trayecto corto y cómodo de la capital y del aeropuerto, y a media hora larga de buena parte de los destinos de la isla: estar en el centro significa no estar lejos de nada. El transporte público conecta el pueblo con Palma y con los municipios vecinos, con frecuencias propias de un municipio de interior. Dentro del término, el coche es necesario: Pina y Randa quedan apartados y el campo está disperso, con accesos por caminos rurales. No hay tren en el municipio, a diferencia de los pueblos del Raiguer.

La oferta es la típica del interior, con buena variedad dentro de su escala. En el pueblo predominan las casas de pueblo —muchas amplias, de dos o tres plantas, con patio o corral y a menudo por reformar— y los pisos en edificios de pocas alturas, en un tramo de precio de los más accesibles de la isla para un municipio con servicios y tan cerca de Palma. En Pina y Randa, casas de pueblo todavía más económicas y muy escasas. Y en el campo, fincas, casas de campo y possessions con terreno, que son el producto más buscado por el comprador de fuera y el que marca los tramos altos del municipio. Hay también terreno a la venta con cierta regularidad. La obra nueva es limitada y el mercado se mueve en segunda mano, rehabilitación y reforma.

Algaida es uno de los municipios de interior con más actividad constante en el portal, y eso dice algo de su mercado: hay rotación. La demanda se reparte entre la vivienda habitual —compradores locales y, sobre todo, gente que sale de Palma buscando casa con más espacio sin irse lejos— y la finca de campo, que atrae demanda internacional y de segunda residencia interesada en el interior mallorquín. Los precios del pueblo están entre los razonables de la isla; las fincas con terreno, en cambio, se mueven en niveles bastante más altos, porque el producto es escaso en todo el centro de Mallorca. La oferta de alquiler residencial de larga duración es más real que en los municipios costeros, porque aquí no compite con el alquiler de temporada, aunque sigue siendo corta.

Algaida encaja especialmente con quien quiere vivir en un pueblo del interior sin alejarse de Palma, con familias que buscan casa con espacio a precio razonable, con quien trabaja en la capital y prefiere no vivir en ella, con quien busca finca o casa de campo en el centro de la isla, y con quien valora tener el resto de Mallorca a mano por estar en el medio. Conviene valorar, en cambio, que no hay mar —si el objetivo es vivir junto a la playa, este no es el municipio—, la dependencia del coche, sobre todo si se vive en Pina, Randa o en el campo, el paso de la carretera principal, que trae tráfico al término, el estado de buena parte de las casas de pueblo, que suelen pedir reforma a fondo, los condicionantes de construir o ampliar en suelo rústico, y un invierno de interior más fresco que el de la costa. Para quien busque practicidad y campo, es de las mejores relaciones calidad-precio de Mallorca.

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