Port de Sant Miquel, con su ensenada turquesa entre laderas de pinar (Sant Joan de Labritja, Ibiza)

Municipio

Sant Joan de Labritja

Sant Joan de Labritja ocupa todo el norte de Ibiza y es el menos poblado de los cinco municipios de la isla. Es también el más rural: un territorio de colinas, pinar y bancales, con cuatro núcleos pequeños repartidos por el interior y una costa de calas encajadas a las que se baja por carreteras estrechas. Quien busca vivienda aquí no viene por los servicios ni por la cercanía a la ciudad, sino por lo contrario: menos edificación, más campo y un ritmo que en invierno baja mucho. Es la parte de Ibiza donde el paisaje manda sobre el urbanismo, y eso condiciona tanto lo que se encuentra en venta como lo que se puede hacer con ello.

El término se extiende de costa a costa por la franja norte de la isla, entre la bahía de Portmany y la de Sant Vicent, y lo recorre un relieve de sierras bajas cubiertas de pinar que cae al mar en acantilados. Buena parte de ese territorio está dentro del área natural protegida que agrupa el norte de Ibiza, lo que explica que apenas haya urbanizaciones y que la edificación se concentre en los núcleos históricos y en casas dispersas por el campo.

La huella del poblamiento tradicional ibicenco se ve aquí mejor que en ningún otro sitio de la isla: casas payesas encaladas de volúmenes cúbicos, pozos, hornos y las iglesias fortificadas que daban refugio a la parroquia. La de Sant Miquel de Balansat, sobre un cerro, es una de las más reconocibles, con su capilla pintada al fresco. Y en Balàfia, junto a Sant Llorenç, se conserva un pequeño conjunto de casas con torres de defensa que es uno de los lugares más fotografiados del interior de la isla. Es un municipio donde lo rural no es decorado: sigue siendo la estructura del territorio.

El municipio se organiza en cuatro parroquias, y esa división sigue siendo la forma más útil de entenderlo. Sant Joan de Labritja es la capital, un pueblo muy pequeño en torno a su iglesia encalada, con los servicios administrativos y el comercio básico. Sant Miquel de Balansat es el núcleo más poblado del municipio y el que más vida diaria concentra; de él depende Port de Sant Miquel, una cala cerrada con hoteles y apartamentos, orientada al verano. Sant Llorenç de Balàfia, en el interior, es el más pequeño y el más tranquilo de los cuatro. Sant Vicent de sa Cala da nombre a la bahía del noreste, donde el núcleo residencial de Cala Sant Vicent reúne vivienda de segunda residencia frente al mar.

En el extremo norte, Portinatx es el único punto del municipio con un desarrollo turístico de cierto tamaño, con varias calas seguidas, hoteles y apartamentos. El resto son casas de campo dispersas, que es donde está el producto más característico y también el más complicado de encontrar. La diferencia práctica entre vivir en un núcleo o en el campo es grande: cambia el acceso, los suministros y la dependencia del coche.

La vida diaria es la de un municipio rural con población repartida. Hay comercio de proximidad, farmacia, centro de salud y colegio en los núcleos principales, pero la oferta se agota pronto: para la compra grande, los institutos, las gestiones y la atención hospitalaria la referencia es la ciudad de Eivissa, donde está el hospital de la isla, o Sant Antoni de Portmany para lo más inmediato desde el oeste del término.

La estacionalidad es muy marcada. En verano la población se multiplica, los núcleos costeros funcionan a pleno rendimiento y las carreteras estrechas se notan; en invierno cierra buena parte de la restauración y de los alojamientos, y el municipio queda muy tranquilo. Para residir todo el año conviene contar con eso: es el sitio de Ibiza donde más se nota la diferencia entre temporada y temporada baja, y donde menos cosas hay abiertas en enero.

Es el apartado fuerte del municipio. La costa norte alterna acantilados con calas pequeñas, muchas de ellas de acceso complicado y sin edificación: Benirràs, conocida por sus atardeceres, Cala Xarraca, Cala d'en Serra, S'Illot des Renclí o la propia ensenada de Cala Sant Vicent. Frente a Port de Sant Miquel se puede visitar la Cova de Can Marçà, una cueva acondicionada en el acantilado. En el extremo septentrional, el faro des Moscarter señala la punta de Portinatx.

Tierra adentro, el pinar y los caminos rurales permiten caminar y pedalear fuera de temporada, y los mercadillos y las fiestas de parroquia marcan el calendario local. La protección del norte de la isla es lo que ha mantenido ese paisaje, y es también lo que limita lo que se puede construir en él: las dos cosas van juntas.

El municipio se recorre por carreteras de montaña que salen de la ciudad de Eivissa y de Sant Antoni hacia el norte y se ramifican hacia cada parroquia y cada cala. Son trazados estrechos y con curvas, y los últimos tramos hasta algunas calas son de un solo carril. El coche es imprescindible: el transporte público conecta los núcleos principales con la ciudad y con Sant Antoni, pero con frecuencias pensadas para el verano y escasas el resto del año.

El aeropuerto está en el término de Sant Josep de sa Talaia, al otro extremo de la isla, y el puerto de la ciudad de Eivissa es la salida por mar. Desde el norte, cualquiera de los dos supone un trayecto largo para la escala de la isla. Conviene medir ese tiempo antes de decidir, sobre todo si hay que hacerlo a diario.

Predominan dos productos muy distintos. Por un lado, la casa de campo —desde la casa payesa tradicional, con muros gruesos y volúmenes añadidos, hasta la villa de construcción reciente con piscina y terreno—, que es lo que define el mercado del municipio y lo que concentra los tramos altos. Por otro, el apartamento de los núcleos costeros, sobre todo en Port de Sant Miquel, Cala Sant Vicent y Portinatx, con un uso mayoritariamente estacional.

En los pueblos del interior hay casa de pueblo, en volumen muy reducido. La obra nueva es escasa y está muy condicionada por la protección del suelo rústico, que en el norte de Ibiza es más restrictiva que en el resto de la isla. Conviene verificar caso por caso qué permite la normativa antes de comprar con la idea de reformar, ampliar o construir: las condiciones de edificación en rústico, las licencias y los requisitos de suministros y acceso son el punto que más se subestima aquí.

Es un mercado de poco volumen y de rotación lenta. Lo que se publica son sobre todo casas y fincas en el campo, con terreno, y apartamentos en los núcleos de costa; el producto urbano de pueblo apenas existe. La demanda es muy internacional y busca exactamente lo que ofrece el municipio: aislamiento, vistas y entorno protegido, de modo que las propiedades con esas tres cosas se mueven en un rango de precio alto aunque la oferta total sea mínima. Que en un momento dado haya poco o nada publicado en el portal no indica falta de interés, sino que aquí se vende poco.

El alquiler residencial de larga duración es escaso y muy competido, como en toda la isla, y además compite con el uso estacional de buena parte del parque. El alquiler turístico está sujeto a una normativa autonómica y municipal que ha cambiado varias veces y que conviene confirmar antes de contar con ella, sobre todo en vivienda situada en suelo rústico.

Encaja con quien busca campo, silencio y costa poco edificada en Ibiza, y acepta que la contrapartida sea depender del coche y de los servicios de la ciudad. Es el municipio de la isla más indicado para segunda residencia con terreno, para quien teletrabaja y valora el entorno por encima de la proximidad, y para quien quiere la Ibiza rural y no la de los núcleos grandes.

Conviene valorar, en cambio, la distancia al aeropuerto y al hospital, la escasez de servicios fuera de temporada, el estado y la anchura de los accesos a muchas propiedades, los suministros en el campo —agua, saneamiento y electricidad no se dan por hechos—, el marco de protección del suelo rústico y lo que permite, y la diferencia real entre el municipio en agosto y en enero. Si esa diferencia no molesta, hay poco en Ibiza que se le parezca.

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